Romero el Salvador: Fiel amigo, leal empleado

Por Jota C.

El 25 de noviembre de 2019, la presidenta de facto, -en ese momento con gran apoyo de la derecha que la consideraba transitoria-, Jeanine Áñez, posicionaba entre aplausos y vítores de sus cómplices y de una parte de la sociedad, al politólogo paceño, Salvador Romero, como vocal por el Poder Ejecutivo ante el Tribunal Supremo Electoral. Su misión llevar a Bolivia a una nueva elección presidencial, después de la crisis política que ese mes llevó a la renuncia al presidente, Evo Morales.

Eran días confusos y violentos, la derecha mediante sistemáticas compras de conciencia, movilizaciones pagadas y la exacerbación racista de un sector de la clase media había logrado su ambición de arrebatar el poder al MAS, mediante la falsa acusación de fraude.

Hoy esta acusación queda por los suelos, existen por lo menos cuatro estudios serios que desvirtúan el hecho, además de que los dos periódicos más influyentes de los EEUU, cada uno por su parte, publicó sobre el supuesto delito contradiciendo el informe de la OEA, solo por mencionar algunos ejemplos de una apabullante crítica internacional de organismo, personalidades y medios de prensa, a los gobernantes actuales de Bolivia. La versión del fraude solo lo defienden desde la OEA, -cuyo sometimiento al gobierno de Trump es indisimulable-, los personeros que hicieron el informe, que o tienen prohibido hablar del tema o no quieren hacerlo con la prensa e investigadores que los requieren, y en Bolivia un personaje desconocido de apellido Villegas, al que se le tiene que decir por su profesión para saber quién es y que insiste con sus tablas de Excel que hubo fraude, además claro, de los políticos de derecha y sus sequitos que propiciaron esto y los medios de los cuales son dueños o los tienen captados.

Pero volviendo a noviembre que el país vivía un caos, el nombramiento de Romero como vocal y posteriormente que asuma la presidencia del órgano electoral era un hecho; considerado de la aristocracia paceña, con estudios en el exterior y cargos en organismos internacionales, en si para las elites que lo encumbraron, Romero representa todo lo que no es el MAS. Los que decidieron darle su confianza para esta tarea fueron Jorge Quiroga, su antiguo jefe en la ONG, FUNDEMOS, que pertenecía al partido ADN del dictador Hugo Banzer, Carlos Mesa, su mejor amigo, con quien en más de una ocasión hicieron pública su lazos y Jeanine Áñez, a quien parece tenerle muchas consideraciones a pesar de las violaciones de la normativa electoral de su agrupación Juntos.

El nuevo TSE y su flamante presidente parecían haber iniciado bien su tarea además de coordinar con otros poderes, daban la impresión de llevar adelante las elecciones que tanto el país quería y merecía, Bolivia había pasado una etapa de terror que disminuyó pero no desapareció, de masacres, asesinatos, detenciones injustificadas y otras violaciones a los derechos humanos, que revelaron la verdadera cara de los nuevos inquilinos de Palacio Quemado; que el 25 de enero de 2020, rompiendo todos sus tratos con los socios que los llevaron al poder lanzaron a Jeanine Áñez como candidata presidencial, este hecho provocó el rechazo de varios sectores de la sociedad además de los exsocios, se observó la candidatura pese a ser legal, no era legitimo y se alertó que afectaría los comicios, como está sucediendo, muchas voces esperaron una respuesta que nunca llegó del órgano electoral, afectando directamente la imagen se su titular.

Desde un inicio fue claro que Áñez y sus amigos no eran un gobierno transitorio, sus decisiones a todo nivel diplomático, económico, social, etc, van más allá de sus atribuciones y por lo tanto deberán responder en algún momento. Es por eso que alargaron la fecha en complicidad el TSE, al 3 de mayo y ya con la pandemia del coronavirus, postergaron al 6 de septiembre, y ahora en una decisión unilateral, que al no ser una elección convencional sino de carácter excepcional, debe coordinarse con el poder legislativo, definieron que sea el 18 de octubre el día que Bolivia vaya a las urnas.

Desde el interior de derecha se filtró que sienten que juegan con el árbitro a su favor, el Mesismo recuerda la cercanía a su jefe y esta seguro que estos días que les da Romero, podrán aprovechar la guerra que tiene el MAS y Juntos y que vienen alimentando muy disimuladamente, para consolidar su candidatura como segunda o primera fuerza para buscar el voto útil en la segunda vuelta. Desde el interior del gobierno la percepción es similar, ya lograron que retrasen las elecciones en base a un Comité Científico que aparece cuando tiene que hablar de fechas de elecciones y desaparece cuando tiene que dar la cara ante la justicia o la Asamblea Legislativa. El pésimo trabajo en la pandemia, sus cada vez más notorios actos de corrupción y en suma ser uno de los peores gobiernos de la historia de Bolivia gobernando en una de las crisis más serias, hicieron que sea nula su opción de llegar a la presidencia por el voto popular, su apuesta, la inhabilitación del MAS y de su candidato para reconfigurar una nueva elección, en tiempos que les sean más favorables contra adversarios más accesibles.

Romero dijo que el 6 de septiembre era una fecha cerrada, como ahora dice que es el 18 de octubre, está en manos de Salvador salvar la democracia, o salvar a sus amigos, salvar Bolivia, o salvar a sus élites. No deben ser días muy tranquilos para el funcionario público de quien dicen los que lo conocen, habla mucho de ética y se preocupa del legado que va dejar.