Nueve meses de Áñez y los estólidos: el peor momento de un gobierno que nunca fue de transición

Nueves meses es un tiempo significativo para el ser humano. En ese lapso una mujer gesta y da a luz un nuevo ser. Hoy 12 de agosto de 2020, se cumplen nueve meses desde que un grupo de sonrientes militares, ante una Asamblea Legislativa vacía, puso la banda presidencial a la autoproclamada Jeanine Áñez.

Áñez y su “estólido” grupo de ministros solo necesitaron este tiempo para destrozar sistemáticamente los destacados avances que tuvo el país con la Revolución Democrática y Cultural que llevaba adelante el presidente Evo Morales y que fue abruptamente interrumpida con el golpe de noviembre de 2019 que regaló el poder a la mediocre y desconocida senadora y sus acólitos que desde entonces, y coincidiendo con la pandemia del coronavirus, hundieron al país en una profunda crisis política, económica y social, que se agrava ostensiblemente con la debacle en la salud y una violación de los derechos humanos sin precedentes en la historia nacional y solo comparable a las más sangrientas dictaduras militares.

De un “inicio soñado” al suicidio político

Después de su autoproclamación, Jeanine Áñez recibió el apoyo de toda la derecha. Políticos como Carlos Mesa, Fernando Camacho y Jorge Quiroga, no solo confabularon para su ilegal juramentación, sino que la alentaron y respaldaron desde una “primera fila”, desde una posición de poder para la que el pueblo no los eligió. También los altos mandos policial y militar se sumaron a la farsa, con el triste beneplácito de una parte de la clase media, cuyo racismo exacerbado recordó los oscuros días de la Bolivia republicana injusta, discriminadora y opresora.

Esta inexplicable aquiescencia de una parte, quizás no mayoritaria pero sí con alta representatividad y poder para magnificar su voz, fue clave en la crisis política, junto a la complicidad del grueso de los medios de comunicación: propiedad, claro está, de empresarios con la visión trasnochada de todos estos actores hasta ahora mencionados.

Sin lugar a dudas, todo salió a pedir de boca para los Demócratas. El partido del empresariado cruceño se sacó la lotería sin comprar boleto. Áñez, una poco brillante senadora que había sido descartada incluso por ellos para los comicios de octubre pasado, fue quien, inesperadamente y por una triste casualidad del destino, les abrió la puerta para gobernar Bolivia, luego de que ¡irónicamente!, en los mentados comicios estuvieron cerca de perder la sigla por la exigua cantidad de votos.Desde ese primer instante pusieron sus medios al servicio del régimen recién establecido, poderosos económicamente como son, son los dueños de las principales redes televisivas del país y tienen marcada influencia en los periódicos y radios más importantes.

Este idilio duro poco, los intereses sectoriales, el reclamo de puestos de poder por parte de los protagonistas del golpe, y el que el 25 de enero, en un acto televisado a nivel nacional Áñez lanzará su candidatura a la presidencia terminó de fracturar a la derecha boliviana y demostró que su régimen nunca fue transitorio, que llegaron para quedarse legal o ilegalmente en el poder. Marcando así el fin de una etapa qué para sus seguidores, medios de comunicación y periodistas afines fue brillante por la supuesta pacificación del país, estos poco o nada refieren de las masacres acontecidas y que el gobierno culpó a las mismas victimas como autores, no mencionan los actos de violencia que dejaron decenas de muertos, centenares de heridos, desaparecidos, miles de perseguidos, muchos que hoy se encuentran hacinados en prisión en plena pandemia, algunos solo por el hecho de pertenecer a un grupo de Whattsapp, además de siete exautoridades asiladas en la embajada de México, que no reciben salvoconductos violando así toda normativa internacional.

Pandemia: ineficiencia y corrupción que enojó del pueblo

El primer caso de Covid-19 en Bolivia se registró el 11 de marzo, cinco días antes el entonces ministro de Salud, Anibal Cruz, decía que el país estaba preparado para la enfermedad, hecho totalmente alejado de la verdad, la ya entonces presidenta/candidata anunció varias medidas y puso al país en cuarentena apresurada, según dijo esa vez para prepararnos contra el coronavirus con la compra de pruebas, dotar  equipos y contratar doctores para enfrentar a la enfermedad en todo el territorio, cinco meses después ninguna de estas promesas se cumplió.

El régimen desde que pisó el Palacio Quemado se vio envuelto en escándalos y actos de corrupción -ENTEL, YPFB, ventas de ítems en educación, cobros a medios de comunicación por pauta, entre otros-, que fueron hábilmente minimizados o obviados por sus medios de comunicación y que solo fueron de conocimiento popular gracias a medios alternativos y periodistas independientes, pero ese no sería el caso con unos respiradores españoles que fueron entregados por la mismísima Jeanine Áñez, el 14 de mayo en Santa Cruz, días después se conocería que fueron  importados a un costo unitario de contrato de 28 mil 80 dólares cada uno, cuando en realidad el precio ofrecido fue siete mil 234 dólares. Este acto de corrupción llegó hasta la medula misma del gobierno, se vieron envueltos el ministro de Salud, Marcelo Navajas que fue arrestado por horas y que ahora cumple “detención domiciliaria”, y Mohammed Mostajo, embajador de Ciencia y Tecnología, muy ligado a Áñez y que se fue a los EEUU en medio del escándalo.

A finales de mayo el gobierno transfirió su obligación a las gobernaciones y municipios, para la lucha contra la pandemia sin destinar fondos para ello, indicando que se enfocarían en el levantamiento de la economía, pero sus medidas solo benefician a los más ricos, como es el caso del programa nacional de reactivación de empleos que tiene previsto invertir solo $us 15 millones para crear unos cuantos empleos temporales y destinar el resto de los $us 2.671 millones para las grandes empresas y agroindustriales privados, por citar solo un ejemplo. La última gran medida desacertada de los golpistas fue la clausura del año escolar el 2 de agosto, esto por su incapacidad de dotar condiciones a los estudiantes y de consensuar con ministros, siendo el primer país en el mundo que toma una determinación de esta magnitud atentando contra el derecho universal de la educación de sus niños.

El pueblo a las calles

La gota que colmo el vaso fue el tercer cambio de fecha para las elecciones presidenciales, del 3 de mayo pasó al 6 de septiembre y en una medida unilateral e inconstitucional del Tribunal Supremo Electoral que causó el enojo de varios sectores se trasladó la fecha al 18 de octubre, esto se dio después de una fuerte presión desde el gobierno apoyado por sus medios, que exigieron no ir a urnas en septiembre alegando la pandemia.

Esta situación hizo que la Central Obrera Bolivia y el Pacto de Unidad que aglutina a los movimientos sociales bolivianos más grandes decidan ir a una huelga general con bloqueos para el respeto de la fecha de elecciones y por la salud del pueblo, iniciando el 3 de agosto, la maquinaria mediática fue implacable con esta medida señalándolos como miembros del MAS y criminalizando sus acciones, ahondando más las brechas entre bolivianos al culpar a los movilizados de la escasez de oxigeno y medicamentos, siendo que estos no existían desde el mes de junio, esta situación sumado a los constantes ataques racistas de los políticos de derecha hizo que varios sectores se sumen y que ahora pidan la renuncia de Áñez. Los intentos de dialogo propuestos por varios actores quedaron en nada por la intransigencia del presidente del tribunal Salvador Romero con respecto a mover la fecha de elecciones.

Bolivia en ojos del mundo

El país desde antes del golpe el año pasado, estuvo en la mira del mundo, Bolivia que por casi catorce años había sido un referente de crecimiento económico, igualdad social y estabilidad política, cambiaba de un día al otro, fuimos noticia por la crisis política que sacó a Evo del poder y  con el tiempo se desvirtuó la versión de fraude por varios estudios y publicaciones en periódicos norteamericanos de la talla del New York Times y el Washington Post, las masacres y violaciones a los derechos humanos que tuvieron informes lapidarios de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Clínica de derechos humanos de Harvard además de las repetidas llamadas de atención de los organismos de derechos humanos al régimen, o el pésimo manejo de la pandemia que fue catalogado como una de las diez peores del mundo y que se refleja en noticias catastróficas publicadas en destacados medios internacionales y que en el país apenas tienen repercusión por el cerco mediático de Áñez.

Consultado sobre como perciben a Bolivia y a sus gobernantes el  internacionalista, Katu Arkonada, señala que hubo una excesiva confianza con que muchos logros no iban a poder ser reversibles por el que suceda a Evo Morales, “los golpistas llegaron con violencia generando la doctrina del shock, y una vez que sacan a Evo Morales del país, empiezan a imponer cambios drásticos,(…), no tuvieron empacho en desmontar los avances tangibles del Proceso de Cambio” señala, resalta que quisieron imponer en la matriz de opinión que el MAS era corrupto pero ellos desde su llegada estuvieron envueltos en actos de corrupción, “si algo queda irreversible es probablemente todos los avances intangibles, la recuperación de la dignidad de los sectores históricamente olvidados por el Estado, del movimiento indígena originario campesino que define la constitución eso es irreversible, esa recuperación que les dio el indio, no hay golpe de estado que pueda echar atrás” acotó Arkonada, también indicó que este es un momento de reflexión a la clase media, cuyo rechazo a Morales fue evidente, ya que pese a no querer al exmandatario gozaban de una bonanza económica y estabilidad social y que ahora perdieron estas comodidades que repercutirá a mediano en su bolsillo, sobre Áñez, manifiesta que no hay simpatía con su gobierno en el exterior, y alerta que se perdió la década ganada retrocediendo al 2005 con convulsión social y desastre económico.

El peor momento

Su resistida candidatura, los desvarios y exabruptos de su ministro más poderoso, sus políticas de ricos para ricos, la pésima gestión ante la pandemia, el revanchismo político, el racismo recalcitrante, la toma de decisiones que deberían ser de un gobierno elegido democráticamente, la corrupción tapada y descubierta, y el afán notorio de prorrogarse en la presidencia entre otras muchas cosas hicieron que el gobierno de Jeanine Áñez no sea un interlocutor válido y este al borde del abismo y junto a él, toda Bolivia.

Bastaron nueve meses a la derecha boliviana para destrozar el trabajo de trece años, allá en el que parece el lejano noviembre de 2019, entraron con el discurso que todo estaba mal y que todo era culpa del gobierno pasado, ahora se evidencia que fue su improvisación y mal gobierno el culpable, hecho que marcó no solo a los Demócratas, sino a toda la derecha, parece un curso intensivo de como destruir un país en meses.   

Hoy Jeanine está sola y huérfana en una Casa Grande del Pueblo que más que nunca le queda inmensa y refleja que su llegada ahí más que designios del señor fue un accidente político que nunca más deberá volverse a dar.

Sus poderosos aliados externos ya no tienen tiempo, ni ganas de apoyarla, hoy uno va a una derrota electoral épica y el otro a la corte de La Haya por tratar a la pandemia como una «gripeciña», sus aliados internos tomaron prudente distancia para evitar ser salpicados en su inminente caída, solo le quedan sus estólidos incondicionales, un grupo de personas que con suerte podrían dirigir un barrio, pero que hoy para desgracia nacional conducen Bolivia.

Jota C.