Ministro Del Castillo dice que Rómulo Calvo se ha convertido en un cáncer para la democracia de Bolivia

El ministro de Gobierno, Eduardo Del Castillo, lamentó las declaraciones de Rómulo Calvo que se refirió a la Wiphala como un “trapo”, aseguró que este no es el pensamiento de todos los cruceños y señaló al dirigente del Comité Cívico como un cáncer de la democracia.

“Todas las aseveraciones del señor Rómulo Calvo son inciertas, no representan al pueblo cruceño, y este tipo de personas no entienden esto, por tanto, es un ser que se ha convertido en un cáncer para la democracia en nuestro país, que cree que por tener recursos propios puede afectar la economía de los pequeños empresarios, de los pequeños productores, de los micro productores, de los pequeños artesanos, entre otros”, señaló según un boletín de su cartera.

La autoridad de Estado indicó que existen matices que son desconocidos por el líder del Comité Cívico Pro Santa Cruz, como que el idioma quechua es el segundo más hablado en el departamento, o que el mismo estatuto de Santa Cruz reconoce como cruceños a todas aquellas personas que tienen residencia en el lugar, entre otros.

“Creo que este sujeto no sabe que la segunda lengua más hablada en el departamento de Santa Cruz es el idioma quechua, esta persona no sabe la cantidad de migrantes que existe en el departamento de Santa Cruz, la cantidad de hijos de migrantes que existe en el departamento de Santa Cruz, donde existe un tejido social de todas las culturas de todas las naciones de los pueblos indígenas del oriente (…), el estatuto del departamento de Santa Cruz establece que son cruceños aquellas personas que tienen domicilio en el preparamento de Santa Cruz, son considerados por las normas que también han realizado los propios cruceños en virtud a esa ley de hospitalidad”, detalló.

Lamentó que Calvo desprestigie la Wiphala por creer que es un símbolo del occidente, recordándole que este “ha sido enarbolado en todo el territorio nacional”, situación que fue demostrada con el Whiphalazo, que reunió a más de 1 millón de personas en toda Bolivia, que pidieron respeto al símbolo patrio.