MARIA GALINDO Y SU INSTRUMENTALIZACIÓN DEL FEMINISMO: “LOS CRISTALES QUE UNA “ANARCO-FEMINISTA” AYUDÓ A ROMPER EN BOLIVIA”

Texto escrito por Tita Barahona y Ludmila Stepanova Tkach

Hay situaciones en que las posturas tibias y equidistantes, desde posiciones alegadamente izquierdistas, alimentan a la bestia.En ocasiones anteriores hemos denunciado determinadas campañas que, en nombre de la emancipación de las mujeres, directa o indirectamente le hacen el caldo gordo a los intereses capitalistas e imperialistas de la potencia norteamericana y su política injerencista en América Latina y el Caribe. Hoy estamos asistiendo a un fenómeno similar en Bolivia.
En ocasiones anteriores hemos denunciado determinadas campañas que, en nombre de la emancipación de las mujeres, directa o indirectamente le hacen el caldo gordo a los intereses capitalistas e imperialistas de la potencia norteamericana y su política injerencista en América Latina y el Caribe. (1).
Hoy estamos asistiendo a un fenómeno similar en Bolivia. Quien lo lidera es una autodenominada “anarco-feminista” llamada María Galindo Neder, fundadora de la organización Mujeres Creando.
Galindo es figura conocida y admirada en los círculos progres y posmodernos de América Latina y Europa, porque habla de “despatriarcalizar”, de “indias, putas y lesbianas”, de homofobia, racismo, transfobia, “colonialidad”… de todo menos de capitalismo, explotación, clases y lucha de clases, excepto cuando le conviene para que encajen bien las piezas de su discurso:
“Es imposible que seamos un movimiento antisistémico si no somos capaces de conectar racismo con clasismo, sexismo con heterosexismo, racismo con explotación laboral, explotación laboral con disidencia sexual, con colonialidad”.
Nótese que dice “antisistémico”, no anticapitalista y menos aún socialista -voz inexistente en su vocabulario anarquista-; y cómo relaciona heterosexualidad con sexismo.
Que no se siente en absoluto identificada con la clase trabajadora mundial, sus luchas e historia, ni siquiera con su mitad femenina, lo manifestó claramente cuando descalificó el 8 de Marzo alegando que “las mujeres del Sur (…) no tenemos conexión histórica con las obreras quemadas en las fábricas de la Revolución Industrial”. (2). El internacionalismo y la solidaridad obrera -nombre, por cierto, de un histórico periódico anarquista- quedan fuera del marco conceptual y emocional de esta señora.
Aparte de ser invitada frecuente en los medios de comunicación (lo que puede dar idea de lo dañina que resulta al sistema) y ser propietaria de una emisora de radio (Radio Deseo), esta anarco-feminista boliviana escribe libros, da conferencias, realiza performances al estilo FEMEN, y pinta paredes públicas con grafitis ingeniosos. Se la suele presentar -y ella se autopresenta- como artista (expuso recientemente en el Reina Sofía de Madrid), grafitera, psicóloga, activista, escritora, cocinera, mensajera…, aunque ha llegado a decir que es una “desempleada crónica” (3).
Una de las medallas que luce con especial orgullo es la de haber sido la primera mujer que se declaró públicamente lesbiana en su país. Esto, para ella, que proviene de una familia acomodada con vínculos en la política institucional, (4) no tuvo consecuencias desagradables, como probablemente las habría tenido de haber sido una trabajadora pobre; al contrario: a Galindo le reportó mayor notoriedad como rebelde rompe-esquemas, sobre todo teniendo en cuenta que sus estudios de posgrado los hizo en la Universidad Pontificia de El Vaticano. (5).
Esta “anarquista de pura cepa”, como se describe, (6) hace gala de un discurso vacío de pátina revolucionaria, en el que mezcla hábilmente tonalidades radicales de antisistema (su oposición a la “tecnocracia del género” es lo único que compartimos) y ambigüedad política. Se declara de izquierdas, pero no plantea clara y concretamente el tipo de proyecto político que apoya, más allá de la “despatriarcalización”. La señora Galindo nada y guarda la ropa, por si las moscas.
Es asimismo conocida por su declarada aversión a Evo Morales, al que califica de “caudillo”. Hace tiempo que, desde su emisora de radio y en otros medios, viene haciendo campaña contra él y su partido, el MAS, porque -según alega- no es de izquierdas y está casado con “las estructuras internacionales de carácter colonial, neoliberal y depredador”, decía en una entrevista al diario de Soros en España (7).
Por supuesto, la crítica es legítima y está bien siempre que sea para avanzar, no para retroceder, en la emancipación de las clases explotadas. Aquí no vamos a valorar la política de un presidente elegido por los votos de los ciudadanos -como mandan los cánones de las democracias liberales-, ni de sus errores -que los hubo- ni de sus aciertos, entre los cuales hay algunos que han mejorado sustancialmente las condiciones de las clases trabajadoras, de mayoría indígena. Aquí vamos a valorar a dónde han desembocado las críticas y posturas de la anarco-feminista Galindo.
Que el derrocamiento de Morales -mediante golpe duro o blando- se estuvo fraguando desde mucho antes de las últimas elecciones, fuera y dentro de Bolivia, es algo demostrado. (😎. De hecho, los incendios en la Amazonía del pasado verano sirvieron de acicate a esta conspiración, con la campaña que se orquestó culpando al presidente boliviano del fuego en la Chiquitanía. Dicha campaña estuvo liderada por la ONG Ríos de Pie, cuya presidenta es la boliviana Jhanisse Vaca Daza, vinculada a la derechista Fundación de Derechos Humanos, que, financiada por Estados Unidos, funciona como base de entrenamiento de “activistas” dispuestos a derrocar a los “gobiernos autoritarios”, tal como Vaca Daza y la misma Galindo definían al de Morales (9).
El 11 de noviembre, cuando el golpe estaba ya consumado, ABC Mundo publicaba un artículo sobre los mandatos de Morales en el que se intentaba guardar un equilibrio entre sus aciertos y desaciertos. En este último capítulo, María Galindo se ocupaba de resaltar la “profunda homofobia” del presidente, mientras que Vaca Daza opinaba sobre su política medioambiental (10). Ya de por sí, compartir juicio desde la misma bancada con una integrante de la ultraderecha disfrazada de ecologista no creemos que los anarquistas “de pura cepa” lo encuentren muy coherente.
El día de las elecciones, el pasado 20 de octubre, cuando aún no se tenían los datos definitivos del recuento de votos, Galindo ya proclamaba un “fraude electoral” sin presentar pruebas. Es decir, se unía a los seguidores del candidato de la oposición, Carlos Mesa, que, como se sabe, era vicepresidente cuando se produjo la masacre de 2003, que provocó la huida del presidente Sánchez de Lozada a Miami, siendo reemplazado por Mesa. Es decir, Galindo se aliaba con otro partidario de “las estructuras internacionales de carácter colonial, neoliberal y depredador”, que, además, después de su renuncia siguió manteniendo contactos estrechos con Washington. Muy anarquista, sin duda.
Aparte de gritar un fraude electoral que, según se ha demostrado, no fue tal, (11) también negó que se estuviera produciendo un golpe de Estado. El día 9 de noviembre, Galindo tuiteaba:
“A las compañeras a nivel internacional: en Bolivia no hay un golpe de estado. Hay desobediencia civil generalizada, motín policial para no reprimir a la gente y borrachera de poder y extravío de Evo Morales”.
Al día siguiente, cuando los grupos fascistas ya habían tomado el liderazgo del golpe, la señora Galindo decía en su Twitter:
“No se lucha por democracia con insultos, homofobia, racismo, ni violencia. Que esta lucha por democracia no acabe en fascismo. Que los violentos pagados no nos ganen, esta lucha no es violenta, es por democracia. Este no es un golpe de estado”.
Si Galindo pensaba que la lucha era por una democracia popular -única por la que suponemos abogaría una anarquista- ¿Era tan ingenua para pensar que el señor Mesa iba a promoverla? Y, si no es la democracia popular lo que tenía en mente, sólo podemos llegar a la conclusión de que su “democracia” es la liberal-burguesa.
Además, su manifiesta egolatría ¿La cegaba para no ver que meses antes de las elecciones estos fascistas se habían reunido con Bolsonaro en Brasil y con Duque en Colombia para intentar bloquear la candidatura de Morales? ¿Ya se había olvidado que fueron ellos los que lideraron el Comité Pro-Santa Cruz, que años antes intentaron la segregación de esta rica región para atender los deseos de Washington de balcanizar Bolivia? (12).
Cuesta creer que la inteligente señora Galindo sea tan ignorante, pero no tanto que su oportunismo, su odio al MAS y, por tanto, a las masas indígenas que lo apoyan, junto a su afán de notoriedad, la hayan llevado a hundirse en estas crasas contradicciones, en las que, sin embargo, no han incurrido otras organizaciones feministas y de mujeres campesinas indígenas de Bolivia -entre las que puede haber alguna de sus queridas “putas y lesbianas”-, que desde el principio han reconocido el golpe de Estado y luchado en las calles contra él, a riesgo de sus vidas (13).
Para Galindo, no hay lucha de clases, hay “pelea de machos” como gallos en corral: “Entre machos y fachos el país se va al tacho” es una de sus frases favoritas.
El 11 de noviembre, publicaba un artículo titulado “La noche de los cristales rotos” en el que, como es habitual en sus peroratas, mezclaba churras con merinas: condenaba los ataques fascistas y al mismo tiempo los que supuestamente se perpetraban contra quien «ose tomar la palabra, asumir una postura disidente contra Evo Morales o cuestionar el fraude electoral”, implicando que la violencia era ejercida también por los partidarios del presidente y quienes no compraban que hubiese habido fraude. Una violencia que, según ella, “está destinada a sembrar miedo, a abrir todas las heridas de una sociedad colonial racista, misógina y homofóbica”.
Desde luego, el miedo lo están sembrando las huestes de Camacho y los militares golpistas, pero lo que están recogiendo es la resistencia del pueblo trabajador, que ha dejado ya más de 25 muertos, multitud de heridos y detenidos, hacia los que Galindo no ha dedicado ni una sola palabra, ni de solidaridad, ni de conmiseración, ni de condena de estos asesinatos, aunque probablemente lo haga si llega a considerarlo conveniente a sus intereses. Postura muy anarco-feminista, sin duda, según el evangelio anarquista de la señora Galindo.
El que haya sido un golpe de estado alentado por la CIA y la oligarquía terrateniente cruceña es para ella sólo “parcialmente cierto”; porque -insiste en el citado artículo- el día de las elecciones “hubo un fraude cuya magnitud ya ha denunciado la Comisión de observación electoral de la Organización de Estado Americanos y la Comisión de observación electoral de la Unión Europea”.
Vaya, la anarco-feminista dando crédito a dos instituciones notorias por representar los intereses del capital o, lo que es igual y según sus palabras: a “las estructuras internacionales de carácter colonial, neoliberal y depredador”, y a la “democracia liberal representativa y de la forma partido como la forma exclusiva y oficial de hacer política”, que, según ella, está en crisis. Y, como está en crisis, hay que abrir la caja de los truenos a ver si nos sale otra dictadura militar.
Mientras las clases populares bolivianas se alzan en las calles contra el golpe de estado, la señora Galindo se dedica a organizar un Parlamento de Mujeres, que, por supuesto, ha tenido repercusión en todos los medios corporativos de tendencia progre. Nada más atractivo que un evento de mujeres de este tipo para no hablar de los problemas reales. De nuevo, haciendo titulares, que es lo suyo (14).
Mientras unas mujeres hablan en este parlamento -algunas, sin duda, de buena fe-, otras sufren en sus carnes la represión y lloran a sus hijos muertos. Mientras las clases populares bolivianas intentan, lamentablemente sin armas, evitar que se instaure otra dictadura, la señora Galindo se dedica asimismo a lanzar en su Twitter y en medios derechistas mensajes de “despedida al caudillo” (15).
Bien, pues ahora tendrá que modificar la frase que, en su exquisita página web, Galindo tiene pintada sobre la ropa de una india: “Yo no te quiero en mi cama, Evo” (16) y cambiarla por “Yo no te quiero en mi cama, Jeanine Áñez” o “Yo no te quiero en mi cama, Arturo Murillo”, ministro de Gobierno de la autoprocalamada presidenta, para quien la prostitución “es lo que uno debe conseguir en una mujer” (17).
Señora Galindo, siga usted pintando la mona, que se la comprarán a buen precio en las galerías de arte. Siga escribiendo sobre “despartriacalizar” sin combatir el capitalismo y la sociedad de clases, que le harán varias ediciones, como hasta ahora, en las editoriales y medios progres. Siga invitando a su programa a feministas burguesas, para que, como usted, blanqueen el golpe de Estado y digan que aquí “no se trata de binarismos” (18). Las mujeres indígenas ya les han contestado (19). Nosotras continuaremos en un próximo artículo tratando estos casos de académicas mediáticas que en situaciones críticas como la que vive Bolivia descubren los verdaderos intereses que defienden.
Cuando las conquistas sociales están en peligro, las posturas tibias y equidistantes sólo hacen el juego a la reacción.
Y, finalmente, tenga por seguro, señora Galindo, que, para muchas mujeres y hombres, en Bolivia y el resto del mundo, es evidente que la careta se le ha caído mostrando lo que en el fondo es: un completo fraude de estética punk, una figura profundamente reaccionaria que, en nombre del feminismo -y del anarquismo- le ha hecho el juego al golpismo fascista apedreando con él los cristales de una sociedad que, al menos, había dejado de ser esclava.
Notas y referencias bibliográficas: