La soberanía de la maternidad: parir subversión en la industria humana

La modernidad ha acelerado bastantes procesos sociales, todos en torno a las necesidades del mercado, sin embargo, ha dejado intactos muchos roles de manutención del statu quo con base de preceptos morales, que de igual forma responden al sostén del mercado.

La maternidad es uno de esos pilares, la generación de los ejércitos de reserva renovados, no puede parar. La mujer como industria de mano de obra, siempre ha sido fundamental para el mercado.

Por eso hoy la iglesia católica en un intento desesperado de inquisición expresa su preocupación por la baja productividad materna.

No es novedad que nuestro cuerpo siempre haya sido un territorio de disputa “glorificado” a conveniencia. Resulta que la “fuente de vida” se ha cosificado a tal punto, que la decisión sobre su soberanía es repartida por el patriarcado, la iglesia, El Estado y cada pequeña institución que atraviesa nuestras vidas.

Nacemos de rosa, y apenas generamos habilidades de sobrevivecia nos ponen a una muñeca entre los brazos, nosotras jugamos a cuidar a la humanidad, hacerle de comer, velar por su desarrollo, otorgarle seguridad; mientras los soldados se forman para la competencia de habilidades en el mercado.

Entonces, las proletarias del proletariado, crecemos jugando a maternar en una sociedad que nos priva el acceso a lo público, haciendo de nosotras, un bien privado, así como lo desarrolla Bourdieu en la Dominación Masculina, por eso el decidir no maternar suena a un acto de subversión, descarado para el capital, e insuficiente para una revolución.

El trasfondo de las declaraciones del papa Francisco esta semana, no está en la dicotomía animales – niños, sino que reside en esta soberanía sobre la fábrica de producción del capital humano, que mantiene el statu quo sobre el que se edifica el monumento de la desigualdad para la producción del mercado.

Escrito por: Jazmín Valdivieso