El gobierno de los inocentes

Por Jota C.

Llegaron con la biblia en la mano y de una patada de bota policial irrumpieron en el Palacio Quemado. Se excusaron en un fraude que un triste personaje armó en tablas de Excel y que hoy no saben cómo mantener esa mentira. Así lograron su más preciado sueño, tumbar al indio que los había revolcado en urnas y que trajo una prosperidad nunca vista a Bolivia.

Ellos, los patrones, nos dijeron que era designio de dios que tomen el mando de la patria y los jerarcas de la iglesia asintieron bendiciéndolos, el libro sagrado volvió a palacio y eso era lo único que importaba, total que son la muerte de unos cuantos indios si las sagradas escrituras están donde deben estar. Es por eso que se dieron cuenta que 90 días era poco para la transición que merecía Bolivia y se dieron un cheque en blanco que avaló un señor de nombre Salvador Romero, y así se ven gobernando la patria, mínimo catorce años, que es lo menos que se merecen.

Ellos, los patrones, de apellidos extranjeros, estudios en universidades lejanas y cabello rubio, algunos, la mayoría debe comprar en el mercado ese color de tinte que tanto los enorgullece, nos dijeron que todo estaba mal y que solo ellos podían arreglarlo y así descuartizaron el Estado, y empezaron a llevarse de plata los bolsillos, porque recordemos ellos son los patrones y los perjudicamos catorce largos años.

Ellos, los patrones, nos explicaron que los indios somos tan brutos, que cuando salimos a protestar por lo que creemos justo, nos disparamos unos a los otros, matándonos entre nosotros, que más bien estuvieron ellos para evitar que nos hiciéramos más daño. Total, que saben los organismos internacionales de derechos humanos, si solo nosotros los bolivianos sabemos lo que pasa en nuestro país, el resto no tiene derecho a opinar.

Ellos, los patrones, nos enseñaron también que no importa haber sido una asambleísta más que mediocre, que nunca impulso alguna ley y menos hizo algo por su región, que uno con oración y ayuno puede volverse en esa líder que necesita una nación mandando al tacho una supuesta transición que nunca existió. También nos enseñó que se puede ser presidenta, candidata, madre, líder del Ku Klux Klan, pastora de iglesia evangélica, jefa del bolas, patrona del tata Quispe, amiga del Arana, paciente de cirujano plástico, suegra de Mostajo y dueña del Valentín, sin arrugarse, literalmente.

En fin, ellos son los inocentes, los buenos, los destinados a ser una gran nación como lo fuimos en los noventa, cuando Carlitos Mesa nos convenció de regalar nuestras empresas a intereses extranjeros, claro esto antes que le de ese alzhéimer selectivo a Charles, que evita que se acuerde de esto, pero lo bueno es que tiene su cuenta en España que le recuerda quienes pagan bien.

Pero ya no los advirtió la líder de los patrones, que los salvajes no volveríamos, y que harán todo para que esto no suceda, y es por eso que su fiel cancerbero no deja de recordarnos que a ellos no les tiembla la mano y que cortes como La Haya se las suda, total la CIJ no tiene jurisdicción en Miami.

Y así llegamos al momento que los patrones desde los medios, sus medios, no hay en Bolivia, radio, canal o periódico de cierto peso que no les pertenezca, nos convencieron que dos días de bloqueos fueron peores que cinco meses de lo que cataloga el periodismo internacional como una de las peores gestiones ante la pandemia; que es peor un grupo de personas reclamando por sus derechos que haber dejado a millones de niños sin educación, total para que quieren educarse los hijos de los salvajes si la única educación que importa, la de sus hijos, está asegurada.

La mayoría de los bolivianos perdió el derecho a la salud, educación, cultura, deporte entre otras cosas y vamos derecho a perder la democracia junto a nuestros recursos naturales ante los intereses de dos pequeñas elites e intereses foráneos. Pese a eso, malo es que reclama, el que alza la voz por lo justo, el que lucha por lo que cree, ya que ellos, los patrones, son y siempre serán inocentes.