A dos días de las elecciones crece la sombra del fraude y el golpe de Estado en Bolivia

Los bolivianos intentaremos recuperar la democracia este 18 de octubre, en una elección atípica por la pandemia, pero principalmente por la crisis política de 2019 y un gobierno de facto que a todas luces busca boicotear la votación. Para entender la situación que se vive, basta recurrir a la encuesta de la Fundación Jubileo, -ligada a la iglesia católica que minimizó este dato y que paso desapercibido por los medios afines al régimen- que indica que el 43 % de la población no cree que se respetará al ganador.

Esta percepción de un amplio sector de la población que considera que su voto no será respetado fue creciendo por varias situaciones, entre ellas destaca la poca confianza en el Tribunal Supremo Electoral (TSE), el organismo encargado de llevar adelante las elecciones es visto como poco confiable por el 50 % de la población según la misma encuesta, su marcada racismo que se evidencia en el trato a campesinos y obreros de su titular Salvador Romero, fue aún más notorio con una campaña que demonizó a la whipala y estigmatizó a movimientos sociales.
Pero estas no son las únicas observaciones al TSE, en el nuevo sistema de conteo rápido, (Direpre), no se podrá publicar las fotos de las actas, este sistema suple al Trep, que permitía cargar, aunque este conteo no es el oficial, el pasado año usarón al Trep para crear el falso relato de fraude. Otra observación que hace temer sobre la transparencia es que el órgano electoral definió que sean los encargados de la seguridad de la cadena de custodia del voto, las Fuerzas Armadas y la Policía, ambas instituciones ligadas al golpe de Estado de 2019, leales aliados del régimen de Áñez, serán quien cuide el voto, “pusieron a los ratones a cuidar el queso”, se podía leer en redes sociales.
Pero los mayores encargados de la zozobra que vive el país actualmente viene de altos funcionarios del gobierno golpista, la presidente Jeanine Áñez y Arturo Murillo quien sería el que realmente tiene el mando, ya insinuaron que no entregarían el poder al MAS si este es el triunfador además de dedicarse a hacer campaña por Carlos Mesa en cada acto que asisten, pese a que esta prohibido hacer proselitismo en horarios de trabajo.
Todo el aparato comunicacional del Estado boliviano y los funcionarios gubernamentales están trabajando por Mesa en lo que parece ser un pacto de impunidad entre Murillo y el candidato de Comunidad Ciudadana, así se notan las amenazas diarias que soporta la población, de que usará las fuerzas represoras ante cualquier acto que ellos consideren “sedicioso”, trayendo a la memoria las aún cercanas masacres en El Alto y Cochabamba que se llevó decenas de vidas, se hirieron a centenares de compatriotas y se persiguió y encarceló a miles.
En Bolivia se repite con más frecuencia la frase: “nadie hace un golpe para entregarle el poder después al que le golpeaste”, el topoderoso Murillo viajó a finales del pasado mes a EEUU, donde se reunió con Luis Almagro, secretario de la OEA y principal operador y legitimador del golpe, así como funcionarios estadounidenses “Para temas de seguridad” según informaron, a su retornó el funcionario se mostró más prepotente y seguro de si mismo, como si en su estadía en el imperio se hubiera gestado un plan que le permita quedarse en el poder.
En pasadas horas se conocieron mensajes de whattsapp que el grupo parapolicial, la Resistencia Juvenil Kochala, desconocería las elecciones si el MAS resulta ganador y sembraría violencia y muerte en Cochabamba, se espera similares actitudes delincuenciales en similares grupos de extrema derecha que se afianzaron bajo el ala protectora del gobierno.
Son varias las voces a nivel nacional e internacional que ya denunciaron este clima hostil que pone en peligro la frágil democracia boliviana, en las principales ciudades la gente que aún puede, esta en frenéticas compras de vivieres y combustible, mientras una gran mayoría confía que la presión internacional evitará que el 18 de octubre el país vuelva a teñirse de sangre y que el golpismo siga en el poder con la excusa de la violencia.